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¿Es la era de la música desechable?

“La música de ahora es desechable”, esta frase ha salido más de una vez de la boca de viejos referentes de la industria musical en el mundo. Desde Rob Stewart, Air Suplly pasando por Franco De Vita y Gilberto Santa Rosa han coincidido en que vivimos en una era donde la música no tiene trascendencia.

Probablemente, su posición responda a un tema generacional, pero lo cierto es que la manera de hacer, promocionar y vender música ha cambiado significativamente durante las últimas décadas.

Así como los padres de los 80 criticaban el auge del pop-rock de esa época, una década más tarde se desentendieron de la generación fanática de las boyband y su contraparte punketa, los depresivo-asociales emos y, por supuesto, la música electrónica y urbana en todas sus vertientes.

MÚSICA MÁS ACCESIBLE… ¿MENOS TRASCENDENTE?

Como en todo negocio, los números hablan por sí solos. Desde que existe la música grabada, la cantidad de discos o álbumes vendidos ha disminuido de manera estrepitosa. La llegada del streaming y las descargas digitales han hecho más accesible e inmediato el contacto con lo nuevo que trae cualquier cantante.

Pese a que en 2019 hubo un auge considerable en la venta de discos de vinilo, que superó a los Cd’s, no es suficiente para competir con las plataformas actuales, porque son más baratas y más accesibles.

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Imagen referencial: Pexels/Mike

Aunque no hay cifras oficiales sobre quién es el mayor vendedor de discos de la historia, The Beatles y Elvis Presley son los nombres que encabezan la lista mundial. La agrupación inglesa superó las 600 millones de ventas y el denominado Rey del rock alcanzó más de 500 millones de discos vendidos.

Miguel Díaz, licenciado especialista en Composición Musical, profesor, músico y host en Hablemos de armonía, confirma que ahora hay mucho más acceso a la música debido al estallido de las redes sociales. “Ha sido más visible a una mayor escala. Hay todo tipo de música en el mundo, puedes encontrar desde música microtonal hasta el pop más básico que exista en el mercado, todo al alcance de un click”.

Explica que esa facilidad para escuchar una canción “hace que la gente no tenga que esforzarse tanto”. En la actualidad, no es necesario acudir a artilugios como pedir una canción a través de una emisora, esperar su reproducción, grabarla y transcribirla. Díaz manifiesta que basta con dejarse recomendar por el algoritmo de las distintas plataformas y poder escucharla cuantas veces quieras.

Por su parte, Carlos Añez, reconocido guitarrista venezolano y también profesor de música, considera que la poca trascendencia de las canciones que se crean en la actualidad se debe  a que “la letra y música son muy básicas”.

Refiere que un cantante de salsa, por ejemplo, debía montarse en tarima con diez músicos para hacer un show en vivo, ahora la música es más repetitiva y podría considerarse ‘desechable’. “Para mí todo suena igual. No hay complejidad. Mismo ritmo, mismo patrón. No se encuentran diferencias, por eso creo que raya muchas veces en lo mediocre”.

QUÉ PASARÁ CON LOS ‘CLÁSICOS’

Los intérpretes actuales viven en una carrera incesante por sacar canción tras canción en tiempos muy cortos. Los discos que compilaban una docena de temas y sorprendían con un bonus son parte del pasado.

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Imagen referencial: Pexels/Ivan Samkov

La realización de un álbum se llevaba más de un año ‘cocinándose’ para salir al mercado. La expectativa colectiva era parte de la atmósfera que se creaba en torno a ese proceso creativo. Pero ahora todo ha cambiado, esto puede reflejarse en la industria de música urbana, donde es más evidente la convulsión de temas que generan a diario sus intérpretes. Sin embargo, los mismos pasan fácilmente al olvido al cabo de un par de semanas.

El mismo Nicky Jam ha afirmado que “hits van haber muchos, pero pocos se convertirán en clásicos”.

La sobreoferta hace que el negocio de la música se apunte en las olimpiadas por la atención de los consumidores. El esquema actual es sacar una buena cantidad de sencillos, que muchas veces no llegan a los tres minutos, para ir adaptándose a las tendencias actuales.

Para el cantante y compositor Manuel Rodríguez no debe juzgarse la manera de crear música actual, aunque está consciente que lo importante para las grandes casas discográficas es “facturar”. Esto, independientemente de la calidad o el contenido con el que se llegue al público.

TALENTO O ENGAGEMENT

Tratar de romantizar la industria musical no le quita que su primera y única intención sea generar dinero y recuperar lo invertido en un artista. Eso es precisamente lo que mueve la maquinaria discográfica, que muchas veces genera el choque entre géneros y generaciones.

Tener talento y belleza era como ganarse la lotería. Tener talento sin un despampanante atractivo era más común y tener belleza sin talento era improbable, pero se fue normalizando.

Ahora mismo todo se trata de generar engagement, crear comunidades fieles alrededor de determinado artista al que no le sobran cualidades vocales, ni grandes atributos físicos.

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La postproducción ahora tiene más valor y se usa de manera desmedida. Pexels/Blaz Erzetic

Rodríguez cree que un artista que tiene verdaderos conocimientos sobre lo que hace merece respeto de parte de aquellos que “no cantan, no saben componer y no se prepararon, aunque tengan mayor popularidad”.

Existen herramientas tecnológicas que pueden modificar voces, hasta afinar al más desafinado. “El autotune y el melodyne deberían ser efectos para pulir algo que ya está bien”, dice Miguel Díaz, pero estos programas son de los más utilizados por los intérpretes actuales, algo que muchas veces los hace sonar de manera homogénea y sin diferenciación uno del otro.

Resalta que hay un “dilema moral” que viene de estos recursos. “Suelen tener tomas o grabaciones terribles. No importa el desastre que hagan, ‘eso se arregla en la mezcla’, lo que ha bajado mucho el estándar de cómo debe hacerse la música”. Señala que esto no es algo exclusivo del reguetón y trap, sino que abarca el hip hop, rock y el metal.

Esta avalancha musical continua de presentar  una canción al mes por parte de muchos cantantes tiene sus trucos. De acuerdo al especialista en composición, un buen número de ellos usa plantillas preformadas de acordes que ya funcionaron en otra canción que fue exitosa. De esa manera, se apela al recuerdo auditivo para tratar de crear el mismo efecto.

ADAPTARSE, CREAR O MORIR

Las colaboraciones son el pan de cada día. Ya no existen líneas entre géneros, ni épocas, ni edades. Se trata de mantenerse a flote o resucitar del olvido musical; ambas razones son suficientes para ver duetos inimaginables.

En 2007, escuchamos a Franco De Vita con Wisin y Yandel. Recientemente, a Shakira y Madonna con Maluma, Billie Eillish con Alicia Keys, Bad Bunny con Dua Lipa.

Incluso, en un momento la música latina se cundió de duetos con Pitbull y el espectro anglo con los fondos de David Guetta. Algunos funcionaron y otros no tanto.

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Captura videoclip Despacito

El último tema urbano considerado un clásico recordable es Despacito (2017), de Erika Ender, interpretada por Luis Fonsi en compañía de Daddy Yankee. En otra versión de esta canción se unió Justin Bieber.

El sencillo obtuvo siete Récord Guinness destacándose sus 17 semanas consecutivas en el primer lugar de la lista Billboard, el videoclip musical más visto de internet y el más reproducido de un dueto.

Eso fue solo hace tres años, pero los cambios han sido tan significativos y silenciosos, que si un tema permanece en la palestra más de 17 días es considerado exitoso.

Además de colaboraciones, los tiempos de las canciones también se han modificado. Es impensable que en el 2020 alguien saque al mercado una sencillo de siete minutos cual Pedro Navaja. Los coros, según Díaz, fueron adelantados y se dedica menos tiempo al mensaje de una canción para poder generar dinero en las diversas plataformas de streaming.

Rodríguez cree firmemente en que hay que aceptar la modernidad con la que hoy se hacen las cosas. Da como ejemplo de adaptabilidad a Carlos Vives, Servando Primera y  Yasmil Marrufo quienes viven de la música comercial que realizan aunque dominen temas con mensajes mucho más profundos.

Entonces, puede decirse que la música en general  jamás podrá ser desechable. Existe oído para todo y en diversas cantidades. Habrá quiénes olviden una canción en un día y quiénes la pongan en el auto de lunes a viernes de ida al trabajo.

Habrá quienes encuentren mensajes profundos en medio de un perreo y quienes vean con estupor las célebres frases del conejo malo.

La democratización de la música permitirá seguir eligiendo, hacer nuestras propias listas de reproducción, aceptar o descartar como consumidores. El cantante, por su parte, deberá  adaptarse, participar en la ola, crear algo mucho mejor de lo que critica o, tristemente, desaparecer de la industria.

Jennifer Marrugo

@VISUALECTORES