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Los asesinos: ¿nacen o se hacen?

Por Jennifer Marrugo

Los homicidios no son una novedad en la vida del hombre, unos más dantescos y frecuentes que otros;  pero, de ahí surge una pregunta de si los asesinos nacen con la predisposición de matar o se hacen de acuerdo a las experiencias que haya vivido de manera individual.

Históricamente, la evolución en el mundo ha estado fundamentada en la violencia. La escena de arrebatarle la vida a otro, por diversos motivos, puede leerse en un pasaje de La Biblia así como en los titulares de hoy.

GEN DE LA VIOLENCIA

Si bien enfrentarse a la muerte diariamente  puede hacer que este tipo de eventos se vuelvan “cotidianos”, no significa que esa regularidad dé agallas para quitarle la vida a alguien. Ejemplo de ello son los tanatólogos, periodistas de sucesos e incluso personal médico. Ahora bien, ¿es posible que ser un asesino se lleve, literalmente, en la sangre?

Una investigación realizada en 1993 reveló que todos los hombres de una familia en Holanda con historial de violencia carecían del mismo gen.

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Imagen referencial por Darwin Laganzon en Pixabay

Este gen produce una enzima llamada MAOA que regula los niveles de neurotransmisores involucrados en el control de los impulsos. Entonces, a quienes les falta o tienen una baja actividad de dicho gen, también conocido como “gen guerrero”, están predispuestos a la violencia.

Alrededor del 30% de los hombres lo tienen, pero su activación depende fundamentalmente de lo que ocurra en la infancia.

En los 80, el neurocientífico británico Adrian Raine realizó en California varios estudios donde la muestra extraída de varios asesinos seriales coincidían en una actividad reducida en el córtex prefrontal, el área del cerebro que controla los impulsos emocionales, y una sobreactivación de la amígdala cerebral, la zona que genera las emociones.

¿SE PUEDE NACER CON CARA DE ASESINO?

Cesare Lombroso, considerado “el padre” de la criminología, desarrolló su propia teoría que pudiera responder si los asesinos nacen o se hacen. Creía que definitivamente había características físicas muy similares entre un homicida y otro.

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Imagen referencial: Pexels/Craig Adderley

El doctor estudió durante la década de los 70 a los reclusos de una cárcel en Turín, Italia, y estaba convencido en que los homicidas eran una especie de hombre involutivo o primitivo. Es decir, un escalón debajo del hombre actual.

Tras años de estudio, llegó a la conclusión de que se podía identificar a un asesino por la forma de su cara y por la longitud excesiva de sus brazos  similares a un simio.

Aseguraba que “las orejas de un criminal son, a menudo, de gran tamaño (…) La nariz es frecuentemente respingada o achatada en los ladrones. En los asesinos suele ser aguileña como el pico de un ave de presa». Sin embargo, todas sus teorías fueron desacreditadas.

MALTRATO E INFANCIA INFELIZ

El abuso infantil y un entorno sumamente violento también promueven la tendencia a ser un homicida. Replicar el daño e infringir dolor suele ser algo familiar. Este fue el caso de Donta Page, un hombre que asesinó brutalmente a una joven de24 años. en febrero de 1999, Denver, Colorado.

Se descubrió que de bebé, Page fue habitualmente maltratado por su madre, y cuando creció las golpizas se maximizaron. La progenitora usaba electricidad u objetos contundentes que le causaran daño casi a diario. No obstante, el mismo Raine afirma que solo una pequeña fracción de quienes sufren maltratos en su infancia llegan a convertirse en verdaderos criminales.

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