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Plañideras: las mujeres que cobran por llorar en los funerales

Bien dicen que el dinero siempre está, solo falta encontrar la manera de ganarlo. Dentro de todos los oficios que existen en el mundo, también hay cabida para las mujeres que cobran por llorar en los funerales, conocidas como las plañideras.

Este oficio ha existido desde tiempos ancestrales. Una tradición que griegos y romanos heredaron de los hebreos, quienes a su vez la heredaron de los egipcios.

Las plañideras fueron una herencia de los egipcios

En Egipto, las lloronas vestían túnicas que les dejaban los pechos descubiertos y usaban el pelo suelto; en Grecia portaban un velo negro; en Roma no lloraban, pero sí rompían dramáticamente sus prendas de vestir.

Se creía que el llanto libraba el alma del muerto de todo pecado, facilitando su entrada al paraíso o a la otra vida. Entre más acaudalado era el difunto, más plañideras acudían al funeral. En aquellos tiempos, además de llorar, solían llevar un jarrón donde depositaban sus lágrimas como una demostración del estatus de la persona fallecida y el hondo dolor que provocaba en sus allegados. Cuando el entierro terminaba, las mujeres cobraban su trabajo con dinero o víveres como harina, trigo o yerba. 

Se creía que el llanto libraba el alma del muerto de todo pecado

Actualmente, en el Día de los Muertos, el 2 de noviembre, cada año en la ciudad de San Juan del Río, Querétaro, México, se lleva a cabo un concurso de plañideras en el Museo de la Muerte, donde cada participante hace su mejor papel en el arte de llorar a un personaje público, participando desde auténticas lloronas hasta jóvenes actrices teatrales.

En algunas partes de México y Venezuela se siguen usando las plañideras

También en la cultura wayú, original del estado Zulia, al occidente de Venezuela, se acostumbra a tener lloronas a la hora de despedir a sus muertos.

Las plañideras tienen que sentir el dolor de la familia para poder transmitirlo de manera respetuosa, pero con dramatismo. En algunas comunidades rurales de varios países la tradición se mantiene, la misma que muchas veces es heredada de madres a hijas.

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