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Relotius, el periodista alemán que escribía puras mentiras

Mientras me paseaba por los albures del Twitter, me tropecé con una nota del diario El País. La misma contaba la historia de un periodista alemán que pasó de ser una eminencia al embustero mayor. 

Class Relotius inventaba todo, o gran parte de lo que escribía.

Este periodista se había convertido en un cazador de increíbles historias; en referencia para el resto de los mortales en la sala de redacción del semanario Der Spieguel.

Según la nota, Relotius, ganador de cuatro premios al periodismo y nombrado periodista del año por CNN, recibía constantes halagos por parte de sus jefes, la comunidad alemana y circundantes. Pero, le llegaría la hora del más sabio y verdadero de los proverbios populares que reza: La mentira tiene patas cortas.

¿Quién podía desenmascarar a una eminencia del periodismo? ¿Cómo poner en tela de juicio aquellas impactantes historias que lo hacían objeto de la admiración colectiva dentro y fuera del gremio?

Class Relotius

El responsable de destapar la olla de textos y entrevistas ficticias se llama Juan Moreno, un periodista de bajo perfil, de esos que no hacen bulla, pero que hacen el trabajo.

Moreno fue llamado a colaborar con Relotius en La frontera de Jeager, un trabajo sobre la caravana de centroamericanos que iban rumbo a Estados Unidos. Lo que llamamos una nota “a cuatro manos”.

Al primero le tocaba estar del lado de los migrantes desde el sur de México y a Class con una comisión de milicianos civiles que debían detener la caravana. Mostrar las dos caras de aquella situación era la misión encomendada.

Las sospechas de Moreno sobre el fraude periodístico de Relotius se despertaron cuando en uno de los borradores enviados el alemán agregaba y quitaba escenas que supuestamente habían ocurrido.  “En una parte, un miliciano disparaba contra algo que se movía, insinuando que era un migrante”, algo que para él era imposible de omitir en un primer momento por parte de cualquier periodista que de verdad hubiese estado en semejante escena. Pidió al Departamento de Comprobación de Datos revisar el asunto, pero nadie dudaba de la “pluma prodigio”.

Le advertían a Moreno que podía estar en riesgo su puesto por cuestionar al “hombre” del semanario.

Juan Moreno

Las posibles retaliaciones no detuvieron al comunicador. Viajó a Estados Unidos para reunirse con los supuestos entrevistados y todos negaron haber visto alguna vez a Relotius

A estas pruebas se sumaban las sospechosas peticiones del alemán de no traducir al inglés sus notas o no colgar en la web la edición impresa.

Aún así, seguían dudando de Moreno y la “estrella del periodismo alemán” se defendía  alegando que nadie aceptaría haberlo visto por ser entrevistas con agentes peligrosos o bajo anonimato.

La reseña revelaba que Moreno convenció a los jefes de redacción para revisar el computador de Relotius con algunos informáticos. Fue ese instante cuando se comprobó la farsa periodística que durante años le había merecido el aplauso colectivo a un embustero.

Juan Moreno convenció a los jefes de redacción para revisar el computador de Relotius

Llegaba la hora de que el propio periodista reconociera que había escrito historias ficticias. El fraude quedó expuesto. Su mayor argumento fue el miedo al fracaso. 

Ahora, todos los artículos de Relotius aparecen en la web con una nota que advierte de que pueden ser mentira.

Después de leer esto, me traslado a mis propias escenas dentro del diarismo. Cómo se vuelve verdad la mentira. Dar por cierto lo que salga de las teclas y boca de un periodista que al final responde a los intereses de un periódico. De cuántos “cayó en un enfrentamiento” leí y escribí, porque era lo que decía la policía, aunque a más de uno lo hubieran ajusticiado. Pero, ¿a quién le importa la vida de un malandro, violador? Solo a su familia, a veces. 

El lector digiere titulares como verdades. ¡Qué responsabilidad la del que escribe! ¡Qué irresponsabilidad la del que lee!

Reconozco que desde que no ando en las obligaciones de una sala de redacción, abrir los portales u olfatear un diario impreso no es tentador. Parece haberse despertado en mí cierta desconfianza al gremio, que ahora, sobre todo en Venezuela, resulta blanco o negro; mejor dicho, rojo u oposición.

Atreverse a hacer algo distinto sacará lo peor de todos. Te sepultarán o encerrarán en el cuadro de los desadaptados que no ejercen la libertad de expresión a favor… siempre a favor.

Reafirmo lo que una vez describí como los tres grandes monstruos a los que se enfrenta un periodista: 

-La línea editorial.

-La fuente.

-El ego.

Por @ManualDelGrillo

@VISUALECTORES

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