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Una pauta con la muerte: la historia del fotorreportero José ‘Cheo’ Nava

José ‘Cheo’ Nava es una leyenda entre los periodistas de Sucesos en Maracaibo, Venezuela, pues este fotorreportero ha visto, vivido y capturado las mieles y los desencantos de ejercer en un país atrapado en un limbo económico; en una crisis ambigua que muestra varias realidades: los que tienen mucho, los que no tienen nada, los que sobreviven y los que se mueren.

Nava está a unos días de llegar a los 60 años. Seis décadas que sirven para escribir tres libros con saga; pero aquí trataremos de descifrar algunas escenas que han sido cruciales en la vida de este reportero gráfico.

Cuenta que la mala racha aplazando 16 veces matemáticas en bachillerato le truncó la carrera en biología y estudió 4 semestres de Idiomas Modernos.

“Comenzó una huelga en luz que duró casi dos años y en vista de la situación conseguí trabajo en un hotel haciéndole los días libres al recepcionista, al portero y al telefonista. Allí duré como mes y medio, pues me ofrecieron trabajo en una discoteca de jueves a sábado como ayudante (o sea sacar la basura, traer hielo y esas cosas por el estilo). El sueldo era de 75 bolívares a la semana y con un préstamo que me hizo mi mama Silfa de 400 bolos (bolívares) me compré mi primera cámara. Era una Minolta SRT 100, con un objetivo de 45 mm. En la Universidad del Zulia (LUZ) —y bajo la tutela de Aquiles Adrianza — comencé mis primeros pasos en el revelado del blanco y negro. Tenía como 20 años”.

1992: “SE SOLICITA REPORTERO GRÁFICO CON CARRO PROPIO”

Dice que entender el hecho fotográfico le llevó mucho tiempo. Sus primeras fotos datan de 1982, cuando solía fotografiar “cualquier cosa que se me atravesara por delante”. En esta década se paseó por el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (INCES), donde se preparó en encuadernación y fotomecánica, estudió Fotografía en la Escuela de Artes Plásticas Julio Árraga de la mano de Mario Linares. Se entrenó en la Escuela Superior de Arte Neptalí Rincón en la Secretaria de Cultura de la mano de Álvaro Silva.

En julio de 1992, cuenta, un amigo le enseñó un anuncio 2×10 del Diario la Columna, que decia «se solicita reportero gráfico con carro propio». Me dije: “No tengo carro y no sé manejar, así que esto no es lo mío”.

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Foto: @cheoote

Continuó relatando: “Este amigo insistió tanto que llevé mi currículo de exposiciones y algunas fotos tomadas y copiadas en blanco y negro. A los dos días estaba trabajando en el diario. El primer día, todo nervioso, me enviaron a la PTJ (Policía Técnica Judicial) con un rollito en blanco y negro y otro color de 35 milímetros. Mi primera pauta con la muerte fue ese día. Si saber nada del estilo de la columna, el periodista me indico que tenía que entrar a la morgue y hacerle la foto al muerto”.

Su debut en Sucesos fue como la de muchos otros en ese esa fuente, un encuentro temprano y crudo con la muerte. Que después se va volviendo cotidiano, humorístico y hasta indolente. Una práctica que se usa a modo de protección, para no llegar todos los días con ese peso a la casa.

“Recuerdo que abrí la puerta y estaba el ‘morguero’ comiendo unos panes y leyendo el periódico que queda en La (avenida) Padilla. Al lado, el muerto  en la mesa de locitas blancas vestido ya con su flux. Pues como me pidieron foto tipo carnet, me tuve que subir en el mesón y encima del cadáver hacerle la foto. Solo dos disparos; me baje, salí del cuarto y en la acera, al lado de una mata que quedaba en la antigua morgue, encendí un cigarro mientras mi color volvía a la normalidad. Nunca había temblado tanto en mi vida. Cuando me calmé, hablé con el periodista y le dije que ya había hecho la foto. Él se sonrió y me dijo que ese no era el estilo del periódico y me paso la cedula del muerto para que le hiciera una reproducción”.

CAP Y LA BALA PERDIDA

El 12 de octubre de 1992, en la conmemoración de los 500 años del Descubrimiento de América en Paraguaipoa, una localidad al noroeste de Venezuela, Cheo obtuvo “la foto”.

“Hubo una tiramentazón (tiroteo) en la casa militar porque  unos guajiros rompieron el círculo de seguridad de (presidente) Carlos Andrés Pérez (CAP). Era la primera vez presenciaba disparos en vivo y en directo. Mis fotos recorrieron el mundo gracias Reuters”.

Poner en riesgo la vida forma parte del diarismo de los reporteros gráficos en la fuente de la muerte; sobre todo, en un país con altos índices de criminalidad como Venezuela. El delincuente deja escenas dantescas, siempre se nota la saña y la falta de remordimiento. La cámara desenfoca la consciencia del humano que la dispara y enfoca la realidad espeluznante de la que a diario es testigo.

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Foto: @cheoote

Cada día se va perdiendo el miedo y se convierte de adrenalina. Se crea una forma de supervivencia imperceptible que les va sacando de apuros en muchas situaciones.

“El 12 de octubre del 92 una bala fría impacto en taxi que andaba. Me pegó en la muñeca izquierda y se alojó en el codo. Como la adrenalina estaba en su apogeo, y además vestía de negro, me di cuenta de la herida cuando me quité en suéter y vi que lo húmedo era sangre. Fui al Hospital Central de Maracaibo (…) Mientras me atendían, un policía me preguntaba qué había pasado y yo le contaba. Al terminar la cura, me puso preso. Logré llamar a un primo que era disip (de la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención ahora Sebin) en aquel entonces. Él mandó una unidad a la emergencia del hospital y me detuvieron, me sacaron esposado y me llevaron a la casa y ahí me liberaron”.

SORTEANDO LA MUERTE

Así como las bromas forman parte de la cotidianidad del periodismo, la superstición también no es ajena. Cheo sorteó la muerte gracias a un sueño que le advirtió la desgracia de ese día.

“Soñé con mi mamá, que no me dejaba montar en el carro del Diario La Verdad. Me halaba del brazo para que no me montara, abrí la puerta y ella estaba adentro empujando para sacarme (…) Fue un amanecer de viernes, me desperté dando gritos (…) Me tocaba pauta ese día, el sábado y el domingo, pero el lunes siguiente me desperté temprano con una opresión en el corazón y esas ganas que te dicen ‘no trabajes hoy’.

No le presté mucha atención y llegué al trabajo. Me senté al frente y, era tanto el desasosiego, que encendía un cigarrillo con la cola del otro. Llegó María Eugenia Rojas y me preguntó qué me pasaba. Le dije que no quería hacer sucesos ese día. Ella asumió la pauta y a las tres horas un carro chocó la unidad en la cual iba el equipo de periodistas y chofer. Ella murió. Cuando me enteré estaba en los tribunales con Celabal Yamarte y caí al suelo de una”.

Esa vez pudo sortear la muerte como le tocó tiempo después por estar en el momento y lugar equivocado. Sin querer, fue testigo de un sicariato. Un renglón que nadie quiere en su currículo ciudadano en un país con más ajusticiados que justicia.

“Presencié un sicariato de vuelta a mi casa en la (avenida) Bella Vista con Cecilio Acosta. A escasos metros de mí, volteé y vi al sicario cayéndole a disparos al vehículo. Me lancé al suelo de espalda pero siempre mirando, tú sabes, la curiosidad. Lo publique por Facebook. Al mes, me secuestraron, me amenazaron de muerte, me quitaron la compra que cargaba ese día y me dejaron botado por Altos de la Vanega. De ahí a pie hacia mi casa con la amenaza en la espalda. Después de eso, llamadas a mi celular hasta que me canse y les pedí que me dijeran cuándo y dónde me iban a matar para esta bien vestido y con la cédula en la boca”.

UN MEDIO INGRATO

Andar en las vías del periodismo, en cualquiera de sus vertientes, requiere más que saber escuchar, saber observar, escribir o disparar una cámara. La paciencia y vocación son ingredientes que se van volviendo indelebles. Fotos sin el debido crédito, intereses editoriales, el patético monstruo de la rutina, las correcciones mal habidas. En fin, todo un universo ingrato del que Cheo Nava ha sido protagonista y testigo.

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Foto: @cheoote

“Me ha costado cada peldaño, cada camino recorrido. Ha sido una lucha constante para que se aprecie la importancia de la fotografía dentro de la prensa escrita. Aún se ve como un ‘llena hueco’. Algo que se pone porque no hay más texto que agregar a la nota, muy pocos han entendido la importancia de la fotografía (…) Todavía en el reporterismo gráfico regional se precisa andar mucho camino. Dentro del gremio no hay una evolución, un entender la importancia de la foto en los medios de comunicación”.

SOBREVIVENCIA Y ENSEÑANZA DE LA CRISIS EN VENEZUELA

Un dengue y hepatitis inoportunas impidieron que el fotorreportero se fuera a España a estudiar un diplomado en fotografía. “Perdí todo lo invertido”, dice.

Venezuela está sumergida en una crisis que se torna infinita, incontable. No hay calculadora que aguante los abominables números a los que este reportero gráfico y el resto han sobrevivido durante los últimos cinco años.

“En sociología hay una premisa de tesis, crisis y antítesis. Está la situación social que crea la crisis, la cual hace explosión y deja una enseñanza. Pero no hemos entendido que eso es lo que hace que mejoremos como sociedad, seguimos siendo los mismos egoístas de siempre, encerrados en nosotros mismos y no nos abocamos como sociedad a luchar por nuestros derechos. Queremos abrir la puerta y que la soluciones de nuestros problemas estén al frente de la casa. Para salir de una crisis se precisa cultura y educación”.

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Foto: @cheoote

En la histora del fotorreportero José ‘Cheo’ Nava está creer que todavía le quedan disparos en la cámara y en la vocación. Aunque su vida también haya tenido sus propias páginas de Sucesos, una delgadez intermitente e involuntaria, y una alacena que solo sirve como motivo de angustia, todavía tiene esperanzas.

 “He tenido muchos ‘hijos click’, pero todavía tengo muchas por hacer. La luz es única, la ciudad da para mucho, solo hay que aprender a ver y andar con cámara en mano”.

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Foto: María Fuenmayor

Por Jennifer Marrugo

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4 COMENTARIOS

    • Muchas gracias por leernos. De acuerdo contigo, es ícono del periodismo en la ciudad. En la página (sección Visualectores) encontrarás la historia de muchos otros personajes.

  1. Excelente reportaje! Realmente lo disfrute mucho! CHEO es un ser muy especial, muy bondadoso, su talento no ha pasado anónimo, asi como la delgadez de su rostro, su revelación de la cruda crisis del país realmente es admirable, su ojo para este arte es indudable, merece todos los créditos y una gran recompensa en su salario! Dios lo bendiga

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